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Tener un objetivo... (¡Y lograrlo!)



¿Quieres dejar de fumar? ¿deseas adelgazar? ¿te gustaría ser más cariñoso con tus hijos? ¿piensas en aprender a hablar inglés de una vez por todas? En cualquiera de los casos, tienes un objetivo, una meta, un logro por cumplir. Si te atreves, pero no sabes cómo llegar, te invito a que recurras al Coaching.


Busca la ayuda de un coach

La función de un coach es precisamente ésa: ayudarte, acompañarte en tu proceso. El llamado Coaching ontológico se basa en que el coach hace preguntas al coachee o cliente hasta conseguir lo que se conoce como insight, epifanía o lo que personalmente me gusta denominar, en tono de humor, “caerse del guindo” (¿imagináis la de caídas que he tenido hasta llegar a ser coach? Y las que sigo y seguiré teniendo…)

En cada proceso de Coaching es preciso marcar un objetivo. Éste puede ser material (obtener un trabajo mejor) intelectual (terminar unos estudios determinados) físico (empezar a hacer ejercicio, ir al gimnasio) y psicológico-emocional (lograr ser asertivo, empática, trabajar emociones como la ira o el miedo)

Compromiso y preguntas

Sea el que sea, se marca y se inicia un proceso en el que el coachee ha de comprometerse, pues según su grado de compromiso será más o menos capaz de alcanzar su objetivo.
Se parte de las tres preguntas clásicas en Coaching: 
  1. ¿Cuál es tu objetivo?
  2. ¿Qué es lo que te impide alcanzarlo?
  3. ¿Cómo lo vas a conseguir?
En cada sesión, el coach insistirá en que el cliente concrete su objetivo, con preguntas del tipo: ¿qué pretendes lograr en esta sesión? De esta manera, el coachee se hace responsable de su propio proceso, sesión a sesión, paso a paso.




Fuerza de voluntad

Y es que el Coaching es 100% acompañamiento hacia objetivos parciales (de cada sesión) y finales (la meta elegida) Cuando el coachee llega al final del proceso (no más de diez sesiones, si bien suelen ser seis de media) se da cuenta de que es él quien ha conseguido su meta; el coach se ha limitado a acompañarlo, a ayudarlo en su camino.
Cuando se logra un objetivo se potencia lo que en Psicología se conoce como motivación de logro, la afamada fuerza de voluntad que todos, sí: todos y cada uno, tenemos. Esa meta lograda nos empuja a buscar nuevos objetivos. Nos empodera.



¿Y si no se logra...?

En caso contrario, si no se lograra, quizá se deba a que no se ha buscado la ayuda necesaria para llevar a cabo el proceso. Sin embargo, se puede extraer el aprendizaje; por ejemplo, que no se tratara de un objetivo realista (en Coaching éste es un requisito indispensable), que no era mi meta (a veces buscamos cosas que son proyecciones de lo que desean otras personas) o que necesitaba acompañamiento.

Recuerda que:
  • Un objetivo da sentido a nuestra vida presente, de ahora, y contribuye a nuestro bienestar emocional.
  • Tener un meta impulsa nuestra motivación para mejorar.
  • El Coaching acompaña en el proceso de consecución de un logro determinado.
  • Lograr lo que te marcas te ayuda a continuar.
  • El empoderamiento llega cuando uno sabe lo que es capaz de conseguir 



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