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La despedida

En esta nueva realidad es posible que hayas perdido a una persona querida; alguien a quien ni siquiera has podido despedir, a quien es probable que no llegaran tus fotos y vídeos porque enfermó cuando el virus atacaba de una forma más intensa, en el momento en el que hospitales y personal sanitario estaban desbordados. Tienes pendiente un duelo ¿eres de las personas que deseas realizarlo ahora? ¿crees que es el momento? ¿cómo hacerlo sin poder reunirte con todas las personas que también compartieron la relación con ella?



Dice el psicólogo Roberto Álvarez que el duelo “es una herida en el apego; con la muerte perdemos lo que significa esa persona para nosotros, la función que ha cumplido ese ser”. Cuando perdemos a alguien, la carga emocional se libera en parte mediante el ritual de la despedida, primero en el tanatorio y después en la ceremonia del entierro. Previamente y si la muerte ha sido consecuencia de una enfermedad, el acompañamiento y el apoyo en el hospital nos va preparando para el final. Sin embargo, este virus nos ha privado del protocolo del duelo, de todo ritual funerario y de despedida, tan necesarios desde el punto de vista social, familiar, psicológico y emocional.

“¿Qué lo hace diferente?” se pregunta Nerea Alonso, psicóloga experta en Oncología, durante el encuentro virtual “Abrazar en la distancia” organizado por Fundación Vivo Sano; “la forma de morir, acompañar y despedirnos lo ha cambiado; los rituales que solemos llevar a cabo son formas de despedirnos, son espacios que nos ayudan a expresar ese dolor que sentimos, de compartirlo con la gente que es importante para nosotros, de sentirnos validados y sostenidos en ese dolor mediante los abrazos, las miradas, las palabras y también el silencio”.

“Todo ritual implica una serie de acciones con valor simbólico, relacionadas con ceremonias y asociadas al paso de una etapa a otra”, dice la psicóloga Helena García-Llana, quien también participó en el citado encuentro de FVS; “lo cual amortigua el dolor, nos ayuda a controlar o a tener la sensación de control sobre algo inabarcable, que es un misterio”.

Ese ejercicio nos permite reconectar con la persona, lo que le aporta una funcionalidad diversa que se expresa mediante el honrar, agradecer, despedir, transformar “ya que desaparece un tipo de vínculo, si bien no el que tenemos con esa persona”, dice García-Llana, quien añade una quinta funcionalidad: “la conexión con la belleza pues, en medio del dolor, el ritual nos abre un espacio a lo bello, nos ayuda a trascender, a sacar lo que está oculto”.

Según esta experta, el Covid “a puesto a prueba los ritos milenarios, nos está confrontando”; y recomienda “no alarmarse, ya que la buena noticia es que el ser humano ha tenido capacidad para adaptarse a las situaciones desde siempre”.



Emociones ocultas

¿Qué es lo que sientes ante la celebración de las exequias de tu ser querido? ¿cómo deseas enfocarlo? ¿necesitas prepararte? ¿qué te parece confrontar tus emociones?
“Rabia, impotencia, frustración, culpa por no poder cuidar, acompañar y despedir a esa persona como hubieras querido”, señala Nerea Alonso como las principales sensaciones que podemos experimentar al encarar el adiós definitivo; “hay consecuencias a nivel físico, psicológico y emocional que tendrán su propia sintomatología; es un duelo de riesgo por no estar normalizado; la muerte no sólo ha sido inesperada, sino rápida y acompañada de incertidumbre, angustia e incomprensión por lo nuevo; esto es lo que la complica”. 

“Se trata de crear un espacio común de colectividad y encuentro”, dice Helena García-Llana con respecto a la necesidad de hacer un funeral; “tiene que ver con la expresión de las emociones, con la angustia y el amor, nuestras grandes dificultades”.



Cómo actuar

Sabes ya lo que deseas hacer; tienes el reto de decir el adiós definitivo a tu ser querido; sin embargo ¿cómo lo vas a hacer? Desde el Coaching te propongo el valor de la autenticidad. Al hacer el duelo puedes planteártelo como una conversación con la persona que se ha ido. Te invito a que uses la herramienta de las sillas enfrentadas: en una te sientas tú, en la de enfrente, la imagen de la persona a la que quieres despedir. Te incito a que completes la siguiente conversación:

  1. ¿Para qué quiero darte el adiós?
  2. ¿Cómo te gustaría que te despidiera?
  3. ¿Prefieres una reunión de pocas personas o más numerosa?
  4. Deseo decirte cómo me siento (puedes expresar tus emociones, sin filtros pero, si te parece, en voz alta, verbalizándolo. Te propongo que evites juicios, en ti y en la otra persona)
  5. Me hubiera gustado decirte adiós así… (Te invito a que digas cómo te hubiera gustado despedirle)
  6. Si estuvieras conmigo te diría… (Puedes aprovechar para nombrar en voz alta todo lo que se te ha quedado por decir a esa persona. Te invito a que uses un lenguaje apreciativo, respetuoso y asertivo)
  7. Te propongo que, a tu manera, reconozcas y agradezcas todo aquello que has aprendido de esa persona, todo aquello que hayáis compartido mientras vivía)



“Al quitarnos el suelo conocido hay que tirar de la creatividad y la intuición”, dice Nerea Alonso; “salir de nuestros propios límites y ver desde dónde queremos expresarnos; en este sentido, el arte nos abre muchas puertas, mediante cartas, mandalas o un cuaderno de relación”; pero es la creatividad la que nos puede sorprender, con acciones particulares que vayan desde aunar a un colectivo mediante un grupo de wasap, hasta construir un pequeño altar en casa (donde tener un espacio para conectar con ese ser), pasando por acciones tales como el encendido de una vela, la creación de una oración propia o una forma personal de meditación.

La psicóloga Nerea Alonso nos recomienda abordar nuestra despedida teniendo en cuenta los siguientes aspectos:

  1. Intentar no luchar, porque nos quitará energía; en cambio, podemos buscar un tiempo para pararnos y pensar en ese ser y lo que significaba para nosotros. 
  2. Tomar conciencia de lo que sentimos y permitírnoslo, pues es un proceso natural, sano. 
  3. Rebajar el sentimiento de culpa. Las circunstancias no han sido responsabilidad nuestra, sino algo que ha ocurrido en el ámbito mundial. 
  4. La despedida la podremos hacer a lo largo de muchos momentos, no es cuestión de un solo acto, aunque no podamos hacerlo ahora mismo.
  5. Aceptación. Proceso largo, costoso y con sufrimiento, es posible por nuestra capacidad de resiliencia.
  6. Los niños, al igual que los adultos, necesitan expresar su dolor: incluyámoslos en nuestro proceso de despedida.
  7. Elegir vivir este acontecimiento desde el amor y la gratitud.

Helena García-Llana, por su parte, nos recuerda “se trata de dar la opción, pero no forzar nada, ya que es un tema muy delicado”; “hay que ser prudente e ir abriendo ventanitas, seguir los rituales; hay que invitar, dejando mucho espacio a la intuición de cada uno”.



¡Feliz Despedida Definitiva! ¡Feliz Coaching!

Y recuerda que…

  • Cuando perdemos a alguien, la carga emocional se libera en parte mediante el ritual de la despedida 
  • Este virus nos ha privado del protocolo del duelo, de todo ritual del adiós, tan necesario desde el punto de vista psicológico como emocional 
  • ¿Tienes pendiente un duelo? ¿eres de las personas que deseas realizarlo ahora? ¿crees que es el momento? ¿cómo lo vas a hacer? 
  • Evitemos luchar, porque nos quitará energía, y busquemos un tiempo para pararnos a pensar en ese ser y en lo que significaba para nosotros 
  • Desde la creatividad y la intuición podemos salir de nuestros propios límites y ver desde dónde queremos expresarnos para decir adiós 

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